Cuando volvíamos, el sol disipaba la ligera bruma de la mañana, las amas de casa sacudían sus alfonbras en el umbral de sus casa o charlaban; y en los bosques, a las puertas del pueblo, empezaba la más radiante mañana de primavera que haya quedado en mi memoria.
El gran Meaulnes.
Alain-Fournier.

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